Diodoro Sículo o de Sicilia (en griego Διόδωρος Σικελιώτης), historiador griego del siglo I a. C., nacido en Agirio (hoy Agira), en la provincia romana de Sicilia.

San Jerónimo (Chronica) sitúa la madurez de Diodoro hacia el 49 a. C., lo que coincide con las afirmaciones del propio autor.

La fecha más antigua que menciona Diodoro es su visita a Egipto en la 180ª Olimpiada (entre el 60 a. C. y el 56 a. C.), que fue recordada por un tumulto en demanda de la pena de muerte para un ciudadano romano que había matado accidentalmente un gato, animal sagrado para los antiguos egipcios (Bibliotheca historica 1.41, 1.83).

El último hecho recordado por Diodoro es la venganza de Octavio César Augusto sobre la ciudad de Tauromenium (hoy Taormina), cuya negativa a ayudarle condujo al futuro emperador a una derrota naval en el 36 a. C. .

Diodoro no da muestra de haberse enterado de la conversión de Egipto en provincia romana -lo que ocurrió en el 30 a. C.-, por lo que seguramente publicó su obra completa antes de esa fecha.

Diodoro afirma que empleó treinta años en la composición de su Historia y que emprendió varios peligrosos viajes a través de Europa y Asia para completar sus investigaciones históricas; sin embargo, los críticos modernos han advertido varios errores sorprendentes que un testigo ocular no debería haber cometido.

Esta es la descripción que hace Diodoro de Sicilia del Laberinto en su libro:

“Historia”

“Cuando el rey murió el gobierno fue recuperado por los egipcios y se nombró a un rey nativo, Mendes, a quien algunos llamaban Mares.

A pesar de que no era responsable de ningún logro militar en absoluto, se hizo construir a sí mismo como  tumba lo que se llamaría el laberinto, un edificio que es maravilloso, no tanto por su tamaño como por la destreza inigualable con la que fue construido, porque una vez dentro, es imposible encontrar el camino de salida sin dificultad, a menos que se disponga de un guía que conozca perfectamente el camino.

Incluso se dice que Dédalo visitó Egipto y, asombrado y maravillado por la perfección de la construcción, construyó para Minos, rey de Creta, un laberinto como el de Egipto, en el que, según la leyenda, encerraron al Minotauro.

Sea como fuere, el Laberinto de Creta ha desaparecido por completo, ya sea a través de la destrucción causada por algún gobernante o por medio de los estragos del tiempo;  pero el laberinto egipcio permanece en absolutamente perfecto estado de conservación hasta mis días.

Porque, cuando uno había entrado en el recinto sagrado, uno encuentra un templo rodeado de columnas, 40 a cada lado, y este edificio tenía un techo de una sola piedra, tallado con paneles y ricamente adornado con excelentes pinturas.

Contenía recuerdos de la patria de cada uno de los reyes, así como de los templos y los sacrificios realizados en ella, todos hábilmente trabajados en  pinturas de la mayor belleza.

Generalmente se dice que el rey concibió su tumba en una escala tan cara y prodigiosa que si no habiese sido depuesto antes de su conclusión, no habría dado a sus sucesores ninguna oportunidad de superar sus hazañas arquitectónicas. “

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Diodoro Sículode Sicilia (en griego Διόδωρος Σικελιώτης), historiador griego del siglo I a. C., nacido en Agirio (hoy Agira), en la provincia romana de Sicilia.

San Jerónimo (Chronica) sitúa la madurez de Diodoro hacia el 49 a. C., lo que coincide con las afirmaciones del propio autor.

La fecha más antigua que menciona Diodoro es su visita a Egipto en la 180ª Olimpiada (entre el 60 a. C. y el 56 a. C.), que fue recordada por un tumulto en demanda de la pena de muerte para un ciudadano romano que había matado accidentalmente un gato, animal sagrado para los antiguos egipcios (Bibliotheca historica 1.41, 1.83).

El último hecho recordado por Diodoro es la venganza de Octavio César Augusto sobre la ciudad de Tauromenium (hoy Taormina), cuya negativa a ayudarle condujo al futuro emperador a una derrota naval en el 36 a. C. .

Diodoro no da muestra de haberse enterado de la conversión de Egipto en provincia romana -lo que ocurrió en el 30 a. C.-, por lo que seguramente publicó su obra completa antes de esa fecha.

Diodoro afirma que empleó treinta años en la composición de su Historia y que emprendió varios peligrosos viajes a través de Europa y Asia para completar sus investigaciones históricas; sin embargo, los críticos modernos han advertido varios errores sorprendentes que un testigo ocular no debería haber cometido.

Esta es la descripción que hace Diodoro de Sicilia del Laberinto en su libro:

“Historia”

“Cuando el rey murió el gobierno fue recuperado por los egipcios y se nombró a un rey nativo, Mendes, a quien algunos llamaban Mares.

A pesar de que no era responsable de ningún logro militar en absoluto, se hizo construir a sí mismo como  tumba lo que se llamaría el laberinto, un edificio que es maravilloso, no tanto por su tamaño como por la destreza inigualable con la que fue construido, porque una vez dentro, es imposible encontrar el camino de salida sin dificultad, a menos que se disponga de un guía que conozca perfectamente el camino.

Incluso se dice que Dédalo visitó Egipto y, asombrado y maravillado por la perfección de la construcción, construyó para Minos, rey de Creta, un laberinto como el de Egipto, en el que, según la leyenda, encerraron al Minotauro.

Sea como fuere, el Laberinto de Creta ha desaparecido por completo, ya sea a través de la destrucción causada por algún gobernante o por medio de los estragos del tiempo;  pero el laberinto egipcio permanece en absolutamente perfecto estado de conservación hasta mis días.

Porque, cuando uno había entrado en el recinto sagrado, uno encuentra un templo rodeado de columnas, 40 a cada lado, y este edificio tenía un techo de una sola piedra, tallado con paneles y ricamente adornado con excelentes pinturas.

Contenía recuerdos de la patria de cada uno de los reyes, así como de los templos y los sacrificios realizados en ella, todos hábilmente trabajados en  pinturas de la mayor belleza.

Generalmente se dice que el rey concibió su tumba en una escala tan cara y prodigiosa que si no habiese sido depuesto antes de su conclusión, no habría dado a sus sucesores ninguna oportunidad de superar sus hazañas arquitectónicas. “

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