El laberinto es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad.

Desde hace milenios este motivo se graba en la roca o en el barro, se pinta sobre cerámica, se crea con piedras en el suelo o se dibuja en antiguos manuscritos.

Se pueden encontrar laberintos en antiguas monedas cretenses, en jarrones etruscos, en tumbas sicilianas, en anillos de oro indonesios, así como también en las joyas de los indios de Norteamérica.

Se tallaron laberintos sobre rocas españolas, inglesas y rusas, se dispusieron como mosaicos en el pavimento de las catedrales francesas y se utilizaron en la decoración de templos indios y de las mezquitas paquistaníes.

También se recortaron en el césped de jardines ingleses y alemanes y se revistieron de piedra en Escandinavia, Rusia, India y Norteamérica, por poner sólo unos ejemplos.

El mito del laberinto está en lo más profundo de la naturaleza humana.

En el origen de los tiempos, perdida ya la facilidad del instinto animal para encontrar los caminos de la Naturaleza y afrontar sus peligros, el hombre creó el arquetipo del laberinto que aparece en leyendas mitológicas y ritos religiosos de numerosas culturas antiguas y primitivas a lo largo y ancho del mundo, reflejo del miedo ancestral y de la desorientación que el ser humano experimentó ante la naturaleza hostil y, como ser racional, también y fundamentalmente, miedo ante la vida. En todas las culturas el laberinto está compuesto por un espacio perfectamente definido, de calculada geometría, pero engañoso por sus múltiples posibilidades y por la similitud de los elementos que lo conforman.

El laberinto recrea la variedad infinita de los bosques en su monótona similitud, los enredos de los senderos de las montañas, las vueltas y revueltas de lo desconocido, las estrellas del firmamento, que son a un tiempo ayuda y desvío de los navegantes, y para la que el hombre, sin embargo, encontró el orden absoluto e intrincado en el laberinto de las constelaciones.

El laberinto es también y quizás más que ninguna otra cosa, símil perfecto de la vida misma, con sus posibilidades, sus riesgos y su orden íntimo y sutil, para cuyo tránsito cuenta el ser humano con los escasos hilos de Ariadna.

El laberinto, al contrario que la naturaleza, o que la vida, se cierra en sí mismo, es abarcable, está hecho por el hombre como un teatro del mundo, y es en su centro donde se haya la respuesta, el mecanismo del sistema para hallar el tesoro, o la salida o la libertad.

Está claro que el símbolo del laberinto guarda estrecha relación con la muerte, como lo atestiguan la tumba del rey Porsenna y la de Luzzanas.

Los laberintos circulares son similares a las espirales que aparecen grabadas en muchas tumbas prehistóricas, como el espiral triple de la galería funeraria de Newgrange, Irlanda. Es posible que los laberintos fueran mapas del mas allá, para que el alma en tránsito supiera qué camino seguir. En tal caso serían símbolos de la muerte, pero de igual forma podrían haber simbolizado la reencarnación, pues si el alma es capaz de llegar al centro del laberinto, puede también volver a la salida y renacer.

Numerosos rituales muestran esta relación del laberinto con la muerte y el renacimiento.

En la lejana isla de Melekula, perteneciente a las nuevas Hébridas, hubo un laberinto trazado en la arena denominado El Camino.

El espíritu de todo hombre difunto tenía que recorrer este camino a la tierra de los muertos, y en él encontrar el espíritu guardián femenino. Cuando un alma se aproximaba, su protectora borraba parte del camino, obligando al espíritu a recomponer el itinerario para continuar su viaje y poder renacer en una nueva vida.

Mientras tanto, en Europa, los ritos laberínticos adoptaban a veces la forma de danza.

En Inglaterra se utilizaban laberintos de hierba en los festivales primaverales de pascua y del 1 de Mayo, celebraciones del renacimiento, aunque se desconoce la naturaleza exacta de tales rituales.

Sin embargo, en Escandinavia se recuerdan algunos juegos llevados a cabo en laberintos de piedra relacionados con el retorno de la fertilidad en Primavera.

En Finlandia y Suecia existen varios laberintos donde los jóvenes debían ingresar con el fin de rescatar a una muchacha aprisionada en el centro. Estos laberintos se les llamaban a veces Jungfraudanser o danzas de la Virgen.

En una pintura mural del siglo XV existente de la iglesia de Sibbos, Finlandia, se ve un laberinto con una figura de mujer en el centro.

Este tema, el rescate de la mujer encerrada en un laberinto, aparece también en el mediterráneo y en la India y es indudable que en estas zonas el laberinto guardaba relación con los ritos primaverales de fertilidad.

En el antiguo Egipto, el laberinto era el camino sinuoso que tomaban los muertos en su viaje de la muerte a la resurrección, guiados por Isis.

Sinembargo, según Waldemar Fenn, ciertas representaciones de laberintos circulares o elípticos, de grabados prehistóricos, como los de Mogor, en Pontevedra, han sido interpretados como diagramas del cielo, es decir, como imágenes del movimiento aparente de los astros.

Esta noción es perfectamente válida, pues el laberinto de la tierra, como construcción o diseño, puede reproducir el laberinto celeste, aludiendo los dos a la misma idea (pérdida del espíritu en la creación, la ‘caída’ de los neoplatónicos y la consiguiente necesidad de encontrar el ‘centro’ para retornar a él).

Los siete circuitos del laberinto clásico también se han asociado con las siete notas musicales y con los siete chakras  del cuerpo.

Chakra es una palabra hindú que significa “ruedas de la luz”. Se trata de vórtices de energía  que conforman el campo energético de nuestro cuerpo y nos proporcionan información sobre el mundo que nos rodea.

Dado que cada chakra está relacionado con una función psicológica específica, lo que proyectamos a través de cada uno de ellos estará dentro del área de funcionamiento de dicho chakra y será algo muy personal, ya que la experiencia vital de cada persona es única.

Algunos autores interpretan los laberintos como un emblema del camino hacia Jerusalén; otros creen que servían para efectuar peregrinaciones, recorriendo los fieles descalzos o de rodillas, las líneas marcadas en el suelo, en compensación de alguna ofrenda de peregrinación que por cualquier causa no pudieran realizar.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el laberinto de Chartres, cuya longitud es de 260 metros, al igual que el camino que realizó Jesucristo desde la corte hasta el Gólgota, y cuyo centro simboliza Jerusalén.

“Los constructores de las catedrales clásicas utilizan las más monumentales de las firmas para dar a conocer su participación descollante en la obra: es la forma del “laberinto” que se inscribe en el piso de la nave central. Algunas veces se ha supuesto que los giros del laberinto también pudieran tener un sentido místico, pero lo ignoramos”

………………………………..Jantzen

“Se ha hablado mucho de simbolismo a propósito de esos laberintos. Y esta fuera de duda que sea un símbolo alquímico, pero no puede dejarse de notar que el laberinto de Chartres (como tampoco el de Amiens o, antaño, el de Reims) no es, hablando con propiedad, un laberinto, en el sentido en que es imposible extraviarse en él, pues no tiene mas que “un camino” que conduce al centro. Lo cual indica que se tiene especial empeñó en que las gentes que se encaminan por el “dédalo” sigan por un trazado determinado; que recorran un camino y no otro. Y ese camino debía ser recorrido a un ritmo, según un ritual. Pero el caminar ritual  no es caminar; ¡es danza! El hombre llegado al centro del laberinto, tras haberlo recorrido ritualmente, tras haberlo “danzado”, será un hombre transformado y, que yo sepa, en el sentido de una apertura intuitiva a las leyes y armonías naturales; a las armonías y a las leyes que él quizás no comprenderá, pero que sentirá dentro de sí, de las que se sentirá solidario y que serán para él el mejor test de verdad, como el diapasón es el test del músico”

……………………………………..Charpentier

” Muy a menudo el hombre se encuentra así mismo. El conocimiento ulterior es el de uno mismo, la comprensión del propio yo, reflejado en el propio conocimiento. Allí reside la razón profunda de que en el fondo del laberinto figure muchas veces un espejo, para que el hombre, al llegar por fin a la meta de su peregrinación, descubra que el último misterio de la búsqueda es él mismo”

………………………………………………………………………………………..Santarcangeli

El laberinto es un camino de oración para todas las personas que buscan lo divino, independientemente de la tradición profesen.

El sinuoso camino que conduce al centro de un laberinto sirve de espejo para reflejar el movimiento del Espíritu en nuestras vidas.

El laberinto clásico tiene un solo camino. No hay trucos ni callejones sin salida. Recorrer un laberinto con mente y corazón abiertos  puede llegar a tocarnos el Alma y liberar nuestras alegrías, así como nuestras miserias.

Las tres fases del recorrido laberíntico son:

1: Entrando en el laberinto

Liberación: permite dejar ir, calma la mente. Nos invita a entregarnos y abrirnos.

Es el momento de estar atento a lo que pueda llegarnos.

2: Centro

Iluminación: Se recomienda permanecer en el centro hasta estar satisfecho.

Podemos pararnos, sentarnos, arrodillarnos o acostarnos. Podemos meditar o rezar.

Es el lugar para intentar conectar y descubrir nuestro sagrado espacio interior.

Estar abierto a recibir lo que ahí hay para nosotros: paz, claridad, despertar, una visión u orientación.

3: Saliendo del laberinto

Unión: Es este un  tiempo para la comunión y reunión con uno mismo.

Llévate de vuelta al mundo cualquiera que sea la experiencia que este paseo te halla aportado.

El laberinto es, a fin de cuentas, con todos sus pasadizos y vueltas, el resumen de la preguntas más fundamentales que el Hombre siempre se ha hecho:

¿Cuál es el sentido de la vida?

¿Cómo puede el hombre traspasar la muerte?

Y es, también, la manifestación material de una búsqueda espiritual, aquella que trata de formar una unidad con uno mismo y con el universo.

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El laberinto es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad.

Desde hace milenios este motivo se graba en la roca o en el barro, se pinta sobre cerámica, se crea con piedras en el suelo o se dibuja en antiguos manuscritos.

Se pueden encontrar laberintos en antiguas monedas cretenses, en jarrones etruscos, en tumbas sicilianas, en anillos de oro indonesios, así como también en las joyas de los indios de Norteamérica.

Se tallaron laberintos sobre rocas españolas, inglesas y rusas, se dispusieron como mosaicos en el pavimento de las catedrales francesas y se utilizaron en la decoración de templos indios y de las mezquitas paquistaníes.

También se recortaron en el césped de jardines ingleses y alemanes y se revistieron de piedra en Escandinavia, Rusia, India y Norteamérica, por poner sólo unos ejemplos.

El mito del laberinto está en lo más profundo de la naturaleza humana.

En el origen de los tiempos, perdida ya la facilidad del instinto animal para encontrar los caminos de la Naturaleza y afrontar sus peligros, el hombre creó el arquetipo del laberinto que aparece en leyendas mitológicas y ritos religiosos de numerosas culturas antiguas y primitivas a lo largo y ancho del mundo, reflejo del miedo ancestral y de la desorientación que el ser humano experimentó ante la naturaleza hostil y, como ser racional, también y fundamentalmente, miedo ante la vida. En todas las culturas el laberinto está compuesto por un espacio perfectamente definido, de calculada geometría, pero engañoso por sus múltiples posibilidades y por la similitud de los elementos que lo conforman.

El laberinto recrea la variedad infinita de los bosques en su monótona similitud, los enredos de los senderos de las montañas, las vueltas y revueltas de lo desconocido, las estrellas del firmamento, que son a un tiempo ayuda y desvío de los navegantes, y para la que el hombre, sin embargo, encontró el orden absoluto e intrincado en el laberinto de las constelaciones.

El laberinto es también y quizás más que ninguna otra cosa, símil perfecto de la vida misma, con sus posibilidades, sus riesgos y su orden íntimo y sutil, para cuyo tránsito cuenta el ser humano con los escasos hilos de Ariadna.

El laberinto, al contrario que la naturaleza, o que la vida, se cierra en sí mismo, es abarcable, está hecho por el hombre como un teatro del mundo, y es en su centro donde se haya la respuesta, el mecanismo del sistema para hallar el tesoro, o la salida o la libertad.

Está claro que el símbolo del laberinto guarda estrecha relación con la muerte, como lo atestiguan la tumba del rey Porsenna y la de Luzzanas.

Los laberintos circulares son similares a las espirales que aparecen grabadas en muchas tumbas prehistóricas, como el espiral triple de la galería funeraria de Newgrange, Irlanda. Es posible que los laberintos fueran mapas del mas allá, para que el alma en tránsito supiera qué camino seguir. En tal caso serían símbolos de la muerte, pero de igual forma podrían haber simbolizado la reencarnación, pues si el alma es capaz de llegar al centro del laberinto, puede también volver a la salida y renacer.

Numerosos rituales muestran esta relación del laberinto con la muerte y el renacimiento.

En la lejana isla de Melekula, perteneciente a las nuevas Hébridas, hubo un laberinto trazado en la arena denominado El Camino.

El espíritu de todo hombre difunto tenía que recorrer este camino a la tierra de los muertos, y en él encontrar el espíritu guardián femenino. Cuando un alma se aproximaba, su protectora borraba parte del camino, obligando al espíritu a recomponer el itinerario para continuar su viaje y poder renacer en una nueva vida.

Mientras tanto, en Europa, los ritos laberínticos adoptaban a veces la forma de danza.

En Inglaterra se utilizaban laberintos de hierba en los festivales primaverales de pascua y del 1 de Mayo, celebraciones del renacimiento, aunque se desconoce la naturaleza exacta de tales rituales.

Sin embargo, en Escandinavia se recuerdan algunos juegos llevados a cabo en laberintos de piedra relacionados con el retorno de la fertilidad en Primavera.

En Finlandia y Suecia existen varios laberintos donde los jóvenes debían ingresar con el fin de rescatar a una muchacha aprisionada en el centro. Estos laberintos se les llamaban a veces Jungfraudanser o danzas de la Virgen.

En una pintura mural del siglo XV existente de la iglesia de Sibbos, Finlandia, se ve un laberinto con una figura de mujer en el centro.

Este tema, el rescate de la mujer encerrada en un laberinto, aparece también en el mediterráneo y en la India y es indudable que en estas zonas el laberinto guardaba relación con los ritos primaverales de fertilidad.

En el antiguo Egipto, el laberinto era el camino sinuoso que tomaban los muertos en su viaje de la muerte a la resurrección, guiados por Isis.

Sin embargo, según Waldemar Fenn, ciertas representaciones de laberintos circulares o elípticos, de grabados prehistóricos, como los de Mogor, en Pontevedra, han sido interpretados como diagramas del cielo, es decir, como imágenes del movimiento aparente de los astros.

Esta noción es perfectamente válida, pues el laberinto de la tierra, como construcción o diseño, puede reproducir el laberinto celeste, aludiendo los dos a la misma idea (pérdida del espíritu en la creación, la ‘caída’ de los neoplatónicos y la consiguiente necesidad de encontrar el ‘centro’ para retornar a él).

Los siete circuitos del laberinto clásico también se han asociado con las siete notas musicales y con los siete chakras  del cuerpo.

Chakra es una palabra hindú que significa “ruedas de la luz”. Se trata de vórtices de energía  que conforman el campo energético de nuestro cuerpo y nos proporcionan información sobre el mundo que nos rodea.

Dado que cada chakra está relacionado con una función psicológica específica, lo que proyectamos a través de cada uno de ellos estará dentro del área de funcionamiento de dicho chakra y será algo muy personal, ya que la experiencia vital de cada persona es única.

Algunos autores interpretan los laberintos como un emblema del camino hacia Jerusalén; otros creen que servían para efectuar peregrinaciones, recorriendo los fieles descalzos o de rodillas, las líneas marcadas en el suelo, en compensación de alguna ofrenda de peregrinación que por cualquier causa no pudieran realizar.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el laberinto de Chartres, cuya longitud es de 260 metros, al igual que el camino que realizó Jesucristo desde la corte hasta el Gólgota, y cuyo centro simboliza Jerusalén.

“Los constructores de las catedrales clásicas utilizan las más monumentales de las firmas para dar a conocer su participación descollante en la obra: es la forma del “laberinto” que se inscribe en el piso de la nave central. Algunas veces se ha supuesto que los giros del laberinto también pudieran tener un sentido místico, pero lo ignoramos”

………………………………..Jantzen “Se ha hablado mucho de simbolismo a propósito de esos laberintos. Y esta fuera de duda que sea un símbolo alquímico, pero no puede dejarse de notar que el laberinto de Chartres (como tampoco el de Amiens o, antaño, el de Reims) no es, hablando con propiedad, un laberinto, en el sentido en que es imposible extraviarse en él, pues no tiene mas que “un camino” que conduce al centro. Lo cual indica que se tiene especial empeñó en que las gentes que se encaminan por el “dédalo” sigan por un trazado determinado; que recorran un camino y no otro. Y ese camino debía ser recorrido a un ritmo, según un ritual. Pero el caminar ritual  no es caminar; ¡es danza! El hombre llegado al centro del laberinto, tras haberlo recorrido ritualmente, tras haberlo “danzado”, será un hombre transformado y, que yo sepa, en el sentido de una apertura intuitiva a las leyes y armonías naturales; a las armonías y a las leyes que él quizás no comprenderá, pero que sentirá dentro de sí, de las que se sentirá solidario y que serán para él el mejor test de verdad, como el diapasón es el test del músico”

……………………………………..Charpentier ” Muy a menudo el hombre se encuentra así mismo. El conocimiento ulterior es el de uno mismo, la comprensión del propio yo, reflejado en el propio conocimiento. Allí reside la razón profunda de que en el fondo del laberinto figure muchas veces un espejo, para que el hombre, al llegar por fin a la meta de su peregrinación, descubra que el último misterio de la búsqueda es él mismo”

………………………………………………………………………………………..Santarcangeli El laberinto es un camino de oración para todas las personas que buscan lo divino, independientemente de la tradición profesen.

El sinuoso camino que conduce al centro de un laberinto sirve de espejo para reflejar el movimiento del Espíritu en nuestras vidas.

El laberinto clásico tiene un solo camino. No hay trucos ni callejones sin salida. Recorrer un laberinto con mente y corazón abiertos  puede llegar a tocarnos el Alma y liberar nuestras alegrías, así como nuestras miserias.

Las tres fases del recorrido laberíntico son:

1: Entrando en el laberinto

Liberación: permite dejar ir, calma la mente. Nos invita a entregarnos y abrirnos.

Es el momento de estar atento a lo que pueda llegarnos.

2: Centro

Iluminación: Se recomienda permanecer en el centro hasta estar satisfecho.

Podemos pararnos, sentarnos, arrodillarnos o acostarnos. Podemos meditar o rezar.

Es el lugar para intentar conectar y descubrir nuestro sagrado espacio interior.

Estar abierto a recibir lo que ahí hay para nosotros: paz, claridad, despertar, una visión u orientación.

3: Saliendo del laberinto

Unión: Es este un  tiempo para la comunión y reunión con uno mismo.

Llévate de vuelta al mundo cualquiera que sea la experiencia que este paseo te halla aportado.

El laberinto es, a fin de cuentas, con todos sus pasadizos y vueltas, el resumen de la preguntas más fundamentales que el Hombre siempre se ha hecho:

¿Cuál es el sentido de la vida?

¿Cómo puede el hombre traspasar la muerte?

Y es, también, la manifestación material de una búsqueda espiritual, aquella que trata de formar una unidad con uno mismo y con el universo.

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Labyrinths are one of the oldest symbols of humanity.

For thousands of years this reason ´s been carved in rock or mud, painted on pottery, created with stones in the soil or drawn on ancient manuscripts.

Mazes can be found on ancient Cretan coins, in Etruscan vases, on Sicilian tombs, in Indonesian gold rings, as well as the jewels of the North American Indians.

Labyrinths are carved on Spanish, English and Russian rocks, they were arranged like tiles on the floor of the French cathedrals and used in the decoration of Indian temples and Pakistani mosques.

Also cut on the lawn of English and German gardens and stone coated in Scandinavia, Russia, India and North America, to name just a few examples.

The myth of the labyrinth remains in the depths of human nature.

In the beginning of time, already lost the animal instinct to find the ways of Nature and face its dangers, man created the archetype of the labyrinth that appears in mythological legends and religious rites of many ancient and primitive cultures throughout the world, reflecting the ancestral fear and disorientation that the human being experienced against the hostile nature and also, as a rational being, his fear of life.

In all cultures the labyrinth is composed of a clearly defined space, of calculated geometry, but misleading for its many possibilities and the ……………………………………………………..similarity of the elements composing it.

The maze recreates the infinite variety of forests in their monotonous similarity, the intricacies of mountain trails, the twists and turns of the unknown, the stars of heaven, which are both dangerous and helpful for sailors, where Man, however, found the absolute and intricate order in the maze of constellations.

The maze is also and perhaps more than anything else, a perfect imitation of life itself, with its possibilities and risks and their intimate and subtle order, and we humans have just a few Ariadne threads to walk along it.

The labyrinth, unlike nature or life, is closed over itself, is embracing, is made by man as a theater of the world, and is in its center where the answer lays, the mechanism of the system to find the treasure, or the exit to freedom.

It is clear that the symbol of the labyrinth is closely related to death, as witnessed by the king Porsenna´s tomb and the Luzzanas one.

Circular maze are similar to the spirals engraved in many prehistoric tombs, as the Newgrange funeral gallery triple spiral, in Ireland.

It is possible that the labyrinths were beyond maps for the soul in transit to know which way to go. In such a case they would be death symbols, but equally they could have symbolized rebirth, as if the soul is able to reach the center of the maze, it can also return to the departure and rebirth.

Many rituals show the labyrinth relationship with death and rebirth.

In the remote island of Melekula, belonging to the New Hebrides, there was a labyrinth path in the sand known as “The Way”.

Every dead man spirit had to go down this road to the land of the dead, and then find in it the female guardian spirit. When someone was approaching, their protector erased part of the road, forcing the spirit to reconstruct the route to continue their journey and be able to reborn into a new life.

Meanwhile, in Europe, labyrinthine rites adopted sometimes dance form.

In England, grass labyrinths were used in the spring festivals of Easter and May the 1st, celebrations of rebirth, although the exact nature of such rituals is not known.

However, in Scandinavia they remember some games held in stone labyrinths related to the Spring´s return of fertility.

In Finland and Sweden there are several mazes where young people had to enter in order to rescue a girl trapped in the middle. These mazes were sometimes called Jungfraudanser or dances of the Virgin.

In a fifteenth-century wall painting existing at Sibbo´s church, Finland, there is a maze with a female figure in the center.

This issue, the rescue of the woman locked in a maze, also appears in the Mediterranean and in India and it is clear that in these areas, the maze was related to spring fertility rites.

In ancient Egypt the labyrinth was the winding road that took the dead on their journey from death to resurrection, led by Isis.

However, according to Waldemar Fenn, certain circular or elliptical prehistoric labyrinth representations engravings, such as Mogor in Pontevedra, have been interpreted as diagrams of the sky, that is, as images of the apparent movement of the stars.

This notion is perfectly valid, since the land maze, such as construction or design, can reproduce the celestial labyrinth, referring both to the same idea (loss of spirit in the creation, the “fall “ of the Neoplatonists and the consequent need to find the “center “ and go back to it.)

The seven circuits of the classic labyrinth have also been associated with the seven musical notes and the seven chakras of the body.

Chakra is an Indian word meaning “wheels of light”. These are energy vortex that make up our body’s energy field and provide us information about the world around us.

As each chakra is associated with a specific psychological function, what we project through each one of them is within the working area of that chakra and will be something very personal, since vital experience of each person is unique.

Some authors interpret the labyrinth as a symbol of their way to Jerusalem, others believe that they were used by the faithful to make pilgrimages, going bare knees, through the lines on the floor, offering some compensation pilgrimage for any reason they were unable to perform.

A good example of this is found in the labyrinth of Chartres, whose length is 260 meters, the same distance Jesus walked from the court to the Golgotha, and the center symbolizes  Jerusalem.

“The builders of classic cathedrals use the most monumental of the signatures to publicize their outstanding participation in the work: is the form of the labyrinth, which is on the nave´s floor. Sometimes it is assumed that the turns of the labyrinth may also have a mystical sense, but we ignore it”

… … … … … … … … … .. Jantzen

“We have talked a lot of symbolism about these labyrinths. And there is no doubt this is an alchemical symbol, but can not be missed that the labyrinth of Chartres (nor that of Amiens or Reims) is not, strictly speaking, a labyrinth, in the sense that it is impossible to get lost in it, because there is not more than one way that leads to the center. This shows what is important is that the people who are walking the labyrinth follow a particular path, traveling on a road and not another. And that path should be traveled at a rate, according to a ritual.But ritual walking is not walking, is dance! The man who reaches the center of the maze, after having ritually traveled through it, after having “danced”, will be a different man and, as far as I know, in the sense of an intuitive opening to the laws and natural harmonies, the harmonies and the laws he might not understand but will feel within himself, feeling also the solidarity with them and will be for him the best test of truth, as the pitch is the test of the musician “

… … … … ……………. … … .. Charpentier

“Very often a man finds himself. Further knowledge is self-knowledge, self-understanding, reflected in self-knowledge. Therein lies the real reason that at the bottom of the labyrinth there is sometimes a mirror, so that the man who finally reaches the goal of his pilgrimage, discovers that the last mystery of the search is himself “

… … … … …  . … … … … … … .. Santarcangeli

..

The labyrinth is a path of prayer for all people seeking the divine, regardless of the tradition they profess.

The winding road leading to the center of the labyrinth serves as a mirror to reflect the Spirit movement  in our lives.

The classical labyrinth has only one way. There are no tricks or dead ends. Walking a labyrinth with open minds and hearts can touch us the Soul and release our joys and our miseries.

The three phases of the labyrinthine route are:

1: Entering the maze

Liberation: Allows to let go, calms the mind. It invites us to surrender and open ourselves.

It’s time to pay attention to whatever  can reach us.

2: Centre

Lighting: It is recommended to stay in the center until being satisfied.

We can stand, sit, kneel or lie down. We can meditate or pray.

It is the place to try to connect and discover our sacred inner space.

We must be open to receive what is there for us: peace, clarity, awakening, an  insight or guidance.

3: Leaving the maze

Union: This is a time for fellowship and meeting with yourself.

Bring back to the world whatever experience this trip has provided you.

The labyrinth is, after all, with all its passages and turns, the summary of the most fundamental questions that Man has always been asking himself:

What is the meaning of life?

How can a man go beyond death?

It is also the material manifestation of a spiritual quest, one that tries to form a unity with oneself and the universe.

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