Entre los laberintos de la época Romana y el laberinto medieval hay un paso intermedio en el que se cristianiza el símbolo y la temática.

Por lo general se mantiene la tipología de cuatro sectores que se había iniciado en el Imperio Romano ya que potencia la idea de la existencia de una cruz central en el diseño. También se realiza una reinterpretación de la presencia del minotauro o su lucha con Teseo en el centro del laberinto, haciendo que esta sea la representación de una fuerza demoníaca. Todos estos cambios relativos al diseño y a la interpretación del mismo llevan a la asimilación definitiva por el cristianismo de lo que hasta el momento había sido un símbolo pagano tanto artística como cultural y espiritualmente.

Iglesia de San Reparatus, Argelia

La primera representación de un laberinto en una iglesia cristiana del que se tiene noticia es el de la basílica de San Reparatus, en Algeria, donde el motivo central es sustituido por una serie de letras en las que puede leerse “Santa Eclesia” y data del año 324 dC.

En el siglo VI encontramos ya laberintos en Europa, con un ejemplar en la iglesia de San Vitale, en Ravenna. En la catedral de San Martín de Lucca, en Italia, el texto que acompaña al laberinto esculpido dice lo siguiente:

“Éste es el laberinto que Dédalo el cretense construyó. Una vez dentro nadie puede salir vivo salvo Teseo, gracias al hilo de Ariadna”

Catedral de San Martin de Lucca, Italia

También hay o hubo laberintos en San Miguel Mayor, en Pavía; en la iglesia de San Davino, en Piacenza; en la catedral de Cremona; en Santa María de Aquiro, y en Santa María de Trastevere, en Roma; también hay documentados laberintos en otras iglesias de Alemania y especialmente Francia.

Fuente de Launceston, Cornwall

También en las iglesias inglesas se conservan algunos laberintos interesantes. En la pila normanda de la Iglesia de Lewannick, Cornualles, hay tallados varios diseños geométricos, entre ellos una espiral y un laberinto sencillo; en la Iglesia de Santa María de Recliffe de Bristol hay un pequeño relieve en el techo con un laberinto del siglo XV. Aparecen laberintos en los pavimentos de la Iglesia de Itchen Stoke de Hampshire,Bourn de Cambridgeshire, y en la catedral de Ely, aunque esta última se construyera ya en 1870.

Sin embargo, es durante el surgimiento y desarrollo del estilo gótico cuando los laberintos cobran una importancia y una propagación más destacada.

Itchen Stoke, Hampshire

La iglesia se apropió del mito en un proceso interesado de sincretismo, y lo llevó a las paredes y los suelos de sus iglesias y catedrales como símbolo gráfico de las pruebas que debe pasar el hombre en su camino hacia Dios, o bien como la representación de la  posibilidad de peregrinar hacia el eje del mundo; en ese momento, la ciudad santa de Jerusalén.

Complementando a esta función de peregrinaje “alternativo”, los historiadores proponen también el posible uso como arrepentimiento. Así, el cristiano pecador podía también purgar las faltas cometidas, y al igual que el auténtico peregrino que alcanzaba el Santo Sepulcro de Jerusalén, obtenía la gracia de la indulgencia. Conviene señalar el llamativo detalle de que prácticamente ninguno de los numerosos laberintos realizados en iglesias y catedrales cristianas incluye el símbolo de la cruz. No deja de resultar realmente extraña la ausencia de dicho símbolo, o al menos el hecho de que no aparezca en un mayor número de casos. No resulta extraño, por lo tanto, que junto a las teorías más o menos ortodoxas para tratar de explicar su función y significado, hayan surgido otras menos académicas, que podríamos denominar como “esotéricas” o heterodoxas, aunque no por ello menos interesantes, al menos en algunos de los casos.

Para algunos autores, no existe ninguna duda de que los laberintos presentes en iglesias y catedrales son claras muestras de un mensaje místico-hermético.

Otros estudiosos han destacado el hecho de que muchas de estas creaciones coincidan en su distribución con la de las construcciones megalíticas. Y es que existen numerosos ejemplos de laberintos realizados sobre monumentos de milenios pasados.

Llevando más lejos esta conexión, algunos estudiosos proponen que muchos de los emplazamientos de las catedrales no eran casuales, sino que los constructores escogían conscientemente lugares con gran concentración de energía “telúrica”. De esta forma, el hipotético visitante que recorriera descalzo o de rodillas el trazado de los laberintos se vería “cargado” de dicha energía y, tras terminar el recorrido, se habría producido en él algún tipo de alteración de su conciencia. Una visión similar, también de interpretación alquímica, es la que defiende el enigmático Fulcanelli en su célebre obra “El misterio de las Catedrales”:

“La imagen del laberinto se nos presenta, pues, como emblemática del trabajo entero de la Obra, con sus dos mayores dificultades: la del camino que hay que seguir para llegar al centro –donde se libra el duro combate entre las dos naturalezas– y la del otro camino que debe enfilar el artista para dirigirse a aquel. Aquí es donde se necesita el hilo de Ariadna, si no quiere extraviarse en los meandros de la Obra y verse incapaz de salir”

Así, el laberinto de los templos góticos se constituye para Fulcanelli en un trazado iniciático que conduce al “adepto” hasta la iluminación de un conocimiento oculto.

Efectivamente, el laberinto es una figura presente en la antigua “ciencia” de la alquimia, aunque no sea una de las representaciones más recurrentes. Sin embargo, sí fue utilizado de forma habitual por los alquimistas de la Edad Media, como demuestra su presencia en algunos manuscritos dedicados a esta temática. Uno de ellos, datado en el siglo XI y conservado en la Biblioteca Marciana, incluye una representación del laberinto, que recibe el apelativo de “Laberinto de Salomón”.

Laberinto de Salomon

¿Tuvieron acceso los constructores de catedrales –y laberintos– al conocimiento hermético y alquímico? ¿Fueron ellos mismos avezados alquimistas? No son pocos los estudiosos que así lo creen, defendiendo la hipótesis de que aquellos misteriosos maestros de obras incluyeron en sus construcciones símbolos y señales sólo entendibles por los iniciados.

Catedral de Chartres

De todos los laberintos medievales que encontramos en iglesias o catedrales, el más conocido es sin duda el de la catedral de Chartres, diseñado por el arquitecto Villiard de Honnecurt en el siglo XIII y que hoy todavía se puede contemplar en buen estado, con sus once anillos concéntricos y sus 12 metros y medio de diámetro. La luz que inunda la catedral por sus vitrales el 22 de agosto (correspondiente al 15 de agosto en el calendario juliano utilizado en la Edad Media) hace que la imagen de la Virgen situada en la vidriera occidental quede proyectada en el centro de laberinto.

Pese a ser el de Chartres el más conocido de todos los laberintos medievales, no es el único. Estos son unos cuantos de ellos.

El laberinto que hubo antiguamente en la nave de la catedral de Amiens fue mayor que el de Chartres, con 12,8 metros de diámetro. Fue construido en 1288 y destruido en 1825.

Catedral de Amiens

El laberinto de Amiens era muy parecido al que podemos encontrar hoy en la entrada de la iglesia parroquial de San Quintín,  Francia.

Hoy está nuevamente reconstruido, sin embargo, en la actualidad mide sólo 10,3 metros de diámetro. Tiene forma octogonal y en el centro, dentro de otro octógono más pequeño, encontramos una cruz. Alrededor de la cruz hay cuatro figuras, representando al obispo Evrard y a los tres arquitectos que participaron en la construcción de la catedral; Robert deLuzarches, Thomas de Cormont y su hijo Regnault. Junto a estos, hay también cuatro ángeles.

Rodeando todo este conjunto hay una larga inscripción relativa a la fundación de la catedral.

Catedral de Reims

También la catedral de Reims poseía un hermoso laberinto de este estilo.

Construido en 1240 a base de piedras de color azul, y destruido en 1779 por orden de un tal Jackemart Canon, alegando que el ruido provocado por la gente recorriendo el laberinto molestaba e imposibilitaba el desarrollo de los oficios religiosos.

Hay también un laberinto muy refinado en la sala capitular de la catedral de Bayeux. Mide alrededor de tres metros y medio y está compuesto por circulos de azulejos ornamentados con escudos, grifos y flores de Lis, separados por bandas de pequeños azulejos negros.

La catedral de Sens antiguamente poseía un laberinto circular de unos 9 metros de diámetro  formado por líneas gravadas en el suelo y rellenadas con plomo, pero fue destruido en 1769. Un laberinto parecido en la catedral de Auxerre fue demolido alrededor de 1690.

Catedral de Bayeux

El 12 de mayo 1916, el diario “the Builder” publicó un diagrama acompañado de una nota firmada por los editores, diciendo que habían recibido el boceto de uno de sus viajeros, que en ese momento se encontraba sirviendo en el frente de Arras. “Él nos informa”, afirman,”que no es un rompecabezas, sino un plano del laberinto de la catedral. Encontró el plano en unas ruinas cercanas, una casa que parecía haber sido ocupada por un librero, por lo que vio entre los escombros. “El dibujo en cuestión es de un patrón octogonal parecido al laberinto de St. Quentin, y reproduce el laberinto que anteriormente había en el suelo de la catedral.

Este tenía 10 metros de diámetro y estaba compuesto por pequeñas piezas cuadradas azules y amarillas.

La destrucción de este laberinto sucedió en el transcurso de la revolución francesa.

Basílica de St. Omer, Francia

En la basílica de Notre-Dame de Saint Omer, nos encontramos con un laberinto que se diferencia de todos los anteriores pues este si incorpora una cruz cristiana en su diseño. Se trata de un cuadrado de 6,6 metros por lado situado justo enfrente del altar. En la actualidad se encuentra vallado y no es posible caminar por él.

Catedral de Poitiers

Un tipo de laberinto poco común estuvo representado anteriormente en la catedral de Poitiers. Aunque ya inexistente desde hace mucho tiempo, posteriormente a su desaparición se mantuvo en la pared de la nave norte un esbozo del mismo que, sin embargo, no dió ninguna pista sobre las dimensiones del original. Se observa que la construcción es tal que el que traza la ruta con el tiempo sale por la misma puerta por la que entró.

Catedral de Rávenna, Italia

Otro ejemplo es el ya citado de la catedral de San Vitale de Rávenna, en Italia. Junto al altar, se encuentra un laberinto medieval cristiano de siete galerías, probablemente del siglo VI. El camino está marcado por flechas que guían hacia el exterior y que conducen hasta una pechina, símbolo de la renovación y de la peregrinación.

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